jueves, 17 de enero de 2008

Gualdo Tadino: La ciudad de la cerámica.


Gualdo Tadino es una localidad preciosa, dotada de una arquitectura tan monumental como armónica, así como testigo de una historia antiquísima y fascinante.

La ciudad es pequeña, cuenta con algo más de 15.000 habitantes, y está situada al sureste de la más importante ciudad de Gubbio, y a unos 52 Km. al noreste de Perugia.

Desde 1237, Gualdo Tadino está situada en la colina montañosa de Sant'Angelo, a 536 metros de altura sobre el nivel del mar, dominada por la cordillera de los Apeninos, en medio de un ecosistema natural, impoluto y de enorme belleza, lleno de bosques y de prados, así como de manantiales de agua mineral que gozan de gran prestigio en toda Italia.

Voy a tratar de explicaros a grandes rasgos porqué su emplazamiento actual, que procede del siglo XIII, no es el mismo que tuvo en sus orígenes.
De milenaria tradición umbra, la primera civilización que se instaló en la región, de ahí el nombre de ésta, la ciudad fue el primer centro de Italia en el que se trabajó el oro, como lo demuestran los dos célebres discos de oro macizo, procedentes del siglo XIII a.C., conservados actualmente en el Museo Arqueólogico de Perugia, pasó a ser urbe romana en el año 217 a.C., convirtiéndose en una ciudad muy importante para el Imperio, a causa de su posición junto a la célebre Via Flaminia, lo que vinculó su destino al de Roma.

El 1 de Julio del año 552 d.C., en el área de Gualdo Tadino se libra la famosa Batalla de Tagina entre las tropas bizantinas del Emperador Justiniano I, al mando del general Narsés, y las tropas ostrogodas del Rey Totila, al frente de las mismas. Con la victoria de los bizantinos, y el asesinato de Totila tras la misma, esa jornada épica determina el final de la dominación ostrogoda en el centro y norte de Italia.
A finales del siglo X, Otón III, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, ordena a su ejército que arrase la ciudad, a causa de la alianza establecida con la facción partidaria de la familia Crescenzi, patricios romanos de vieja estirpe y enemigos acérrimos del Emperador. Los supervivientes se trasladan a las cercanías de la Abadía de San Benedetto.
En el año 1155, Federico de Hohenstaufen, de camino de Roma para ser coronado emperador como Federico I, más conocido como "Barbarroja" se detiene en Gualdo Tadino para recibir a una delegación de obispos enviada por el Papa Adriano IV, quien le coronaría sucesivamente.
El pequeño centro adquiere una gran importancia estratégica para el Emperador, por lo que se inicia a contruir una nueva localidad de características defensivas en el Valle de Gorgo, pero, lamentablemente, en 1237, la localidad es pasto de las llamas y queda totalmente destruída. Seguidamente, se funda, en su actual emplazamiento, la nueva Gualdo Tadino, que se convertiría en el "ojito derecho" del Emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, por su antigua e incorruptible lealtad a la causa guibelina, ordenando él mismo, tras una larga estancia en la ciudad, que la ciudad pasara a ser una importante plaza defensiva, sólidamente amurallada, con 17 torreones y cuatro inmensas puertas de entrada, y presidida por una fortaleza imponente, la "Rocca Flea", en pie desde el siglo X, cuando pertenecía a los Condes de Nocera, que el Emperador quiso que se restaurara por completo, transformándola en una fortaleza prácticamente inexpugnable.

A partir de 1449, cuando todo el territorio pasa a poder de Rodrigo Borgia, Papa Alejandro VI, el castillo se convertirá, después, en la sede de la Legación Cardenalicia Autónoma, que pasará a gobernar Gualdo Tadino. Rodrigo Borgia incluyó la "Rocca Flea" en el patrimonio de su desdichamente célebre hija Lucrecia, quien visitó el castillo y residió en él en distintas ocasiones. Actualmente, la "Rocca Flea", es el Museo Civico de la ciudad; la sede de los eventos culturales más importantes de Gualdo Tadino, así como la sede del famoso "Concurso y Exposición Internacional de Cerámica", que se celebra todos los años, con la participación de los ceramistas de mayor proyección nacional e internacional, y, también, donde se albergan, con categoría museística, las obras más importantes de los distintos concursos de cerámica.

Lo anterior, es a consecuencia de que Gualdo Tadino es, desde la antigüedad, uno de los centros más prestigiosos de producción de cerámica de Italia, contando hoy en día con más de 60 firmas dedicadas a dicha actividad. Esa tradición se remonta a la civilización umbra, pero alcanzó su cumbre artística a partir del siglo XIII. En el siglo XVII, las obras, de enorme valor, ya contenían elementos de oro y de plata, gracias a una técnica especial de la que Gualdo Tadino fue pionera en Europa. Y es que esta ciudad, se mire por donde se mire, es un inagotable tesoro histórico y artístico.

Bueno, para que no se diga que lo que me "pierde" es la historia y la arquitectura militar, os voy a comentar, en líneas generales, las cosas bellísimas de diverso carácter que no hay que perderse en esta pequeña y hermosa ciudad, estupendamente conservadas unas y restauradas otras, a raíz de los graves daños sufridos en el terremoto de 1751 y, más recientemente, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la ciudadanía volvió a mostrar sus genes guibelinos en su heróica resistencia contra la ocupación nazi.

Si, por ejemplo, entráis en la ciudad por la puerta de San Benedetto, podéis ir dando un paseo, subiendo por el "Corso" y os encontraréis con la Iglesia de Santa Maria dei Raccomandati, del siglo XIII, situada en la Piazza XX Settembre. La iglesia alberga en su precioso interior varias obras de arte de los siglos XV y XVI, entre las que destaca el impresionante tríptico de "La Virgen con el Niño, San Sebastián y San Roque", obra del insigne pintor Matteo di Gualdo, nacido en esta ciudad en 1435.

En la plaza principal de la ciudad, Piazza dei Martiri della Libertà, os encontraréis con la monumental Iglesia di San Francesco, construida entre los siglos XIII y XIV, cuyo magnífico interior, que recuerda al de la Basílica de San Francisco, en Asís, alberga un montón de obras de arte, tales como frescos de la escuela umbra del siglo XV; dos obras maestras de Matteo di Gualdo: "La Crucifixión" y "La Virgen con el Niño y San Francisco" y una preciosa pala de altar de terracota barnizada, realizada en Gualdo Tadino en el siglo XV.
A la misma plaza dan el precioso Palazzo Comunale, sede del Ayuntamiento, reconstruido en el siglo XVIII y, frente a él, el Palazzo del Podestá (Palacio del Gobernador) del siglo XII, de cuya estructura original solo sigue en pie la soberbia "Torre Civica".
También en esa plaza se encuentra la Catedral de San Benedetto. La impresionante catedral data de mediados del siglo XIII. La fachada, de líneas austeras, está ornamentada con un gigantesco rosetón y tres grandes puertas de entrada. El rico interior adoptó en las primeras décadas del siglo XX una apariencia de basílica, con las paredes hermosamente afrescadas por el célebre pintor Ulisse Ribustini (1852-1944), nacido en la vecina región de Le Marche.
Asimismo, la Catedral alberga distintas y valiosas obras de arte de entre los siglos XIV y XVI.
Junto a la fachada principal se encuentra la espléndida fuente, obra de Antonio da Sangallo "El Viejo", de 1573, construida por iniciativa del Cardenal Legado Antonio Ciocchi Del Monte, quien en esa misma época había hecho que se construyera en la ciudad un impresionante acueducto.
En las inmediaciones de la Piazza del Soprammuro, se encuentra la "Pinacoteca Comunale", en la que se conservan verdaderos tesoros de la pintura y de la escultura umbra y toscana del Renacimiento, con obras de Sanno di Pietro, Ottaviano Nelli, Antonio da Fabriano, Avnazino Nucci, Jacopo Palma, Bernardino da Mariotto y del gran Niccoló Liberatore, llamado "L'Alunno", así como obras procedentes de las escuelas de Luca Della Robbia y de Gentile da Fabriano.
¡Una ciudad tan pequeña y con semejante pinacoteca!. A cualquier le dejaría apabullado, pero aquí es como si fuera la cosa más natural del mundo...¡Así es Umbría!.

Sé que, una vez leídas estas líneas, la pregunta inmediata será ¿Dónde podremos parar a comer cuando visitemos Gualdo Tadino? . Bien, pues ahí va la respuesta. Nosotros comimos divinamente en "La Taverna", en Via Borgovalle, 10. Es un restaurante muy bonito y cuidado, de ambiente acogedor, en el que sirven una estupenda cocina tradicional local, en la que sobresalen unas pastas hechas a mano y unas carnes de caza, de ternera, de buey y de cordero ¡Que harían resucitar al mísmisimo Rey Totila!.
Os aconsejo que empecéis con unas "bruschette" (una especie de tostas pequeñas con distintos aliños e ingredientes) y con un plato del exquisito jamón de Norcia y luego, según lo que le apetezca a cada uno, sigáis con unos "gnocchi" con salsa de queso o con un carpaccio de ternera con trufas o con un costillar de cordero asado a las finas hierbas. Los vinos de la casa, procedentes de las colinas cercanas, son genuínos y muy buenos.
Depende de lo que toméis, podéis salir por unos 25 ó 30 € por cabeza.

Sylvia
























martes, 15 de enero de 2008

Gualdo Cattaneo y el Castillo de los Borgia.



Os hablo desde esta pequeña y bellísima localidad medieval, a la que el rigor de los siglos no le han hecho perder ni un ápice de su carácter épico, del que sobresale la fuerza y la dignidad que se intuyen en la distancia, antes de atravesar las poderosas murallas que la circundan. A partir de ahí, el resonar de nuestros pasos en sus suelos de piedra, no son otra cosa más que la dichosa confirmación de que lo que habíamos intuido se corresponde con una realidad incólume desde la Alta Edad Media. Lejos de haberla desfigurado, su larguísima andadura por la historia ha añadido una patina de serenidad señorial al porte fiero y hierático que la distinguío durante toda la Edad Media.

Gualdo Cattaneo, con una población de unos 6.000 habitantes, está a 446 metros de altura sobre el nivel del mar. Situada en el centro de Umbría, entre el Valle del Tíber y el área territorial de Spoleto, en una zona repleta de colinas ondulantes, se encuentra al sureste de la ciudad de Foligno y al noreste de la de Spoleto, así como a unos 45 Km. de Perugia, a cuya provincia pertenece.
Por lo que he sabido, su fundación como ciudad fortificada data del último tercio del siglo X, por parte del Conde Edoardo Cattaneo, caballero de Otón II de Sajonia "El Sanguinario", Rey de Alemania y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien en pago de sus servicios se la concedió como feudo.

Si bien está documentado que la ciudadela, en esa época, estaba rodeada de bosques (de ahí el nombre de "Gualdo", que deriva del alemán wald: selva), hoy en dia, su área está fundamentalmente inmersa en olivares, lo que la convierte en una de las principales productoras de aceite de oliva virgen extra de Umbría. Además, Gualdo Cattaneo esta incluida en la "Strada del Sagrantino", una de las rutas de vino más célebres de la región.
A consecuencia de su importante posición estratégica, la ciudadela fue protagonista de múltiples y encarnizadas batallas y asedios, fruto del enorme interés que tanto el Ducado de Spoleto, como el Señorío de Foligno, tenían en hacerse con esa plaza fuerte que dominaba desde la altura sus respectivos territorios.
En el útimo tercio del siglo XI, se alió con Spoleto, pero un siglo más tarde, en 1177, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I de Hohenstaufen, más conocido como "Barbarroja", asignó su dominio a Foligno. Después volvió a pasar a poder de Spoleto hasta que la poderosa familia Trinci, señores de Foligno, la adquieron. En 1439, se integró en los Estados Pontificios, pero, a finales de ese siglo, Rodrigo Borgia, ya por entonces Papa Alejandro VI, concedió su administración, otra vez, a la ciudad de Foligno, que reforzó y amplió sus fortificaciones mediante la construcción de la imponente "Rocca dei Borgia": El Castillo de los Borgia. En 1816, pasó nuevamente a pertenecer a los Estados Pontificios, donde permaneció hasta 1860, cuando se produjo la unidad de Italia.

El Castillo de los Borgia es, en cuanto a monumentos de Gualdo Cattaneo, el buque insignia de la ciudadela. La fortaleza ejerce un dominio arquitectónico absoluto en sus intramuros. Se empezó a construir en 1494 y su diseño se corresponde fielmente con el concepto de grandiosa edificación defensiva de la época. Su forma es la de triangulo equilatero, con sendos torreones almenados, cilíndricos y de gran altura en cada ángulo, comunicados entre sí por medio de pasadizos subterráneos. Para que os hágais una idea, os comento que el torreón mayor tiene por base una circunferencia de 80 metros y una altura de 20 metros.

Podría decirse, sin exageración alguna, que se trata de una fortaleza inexpugnable y de ello da fe la historia, pues ningún feudo adversario consiguió jamás hacerse con ella; ni siquiera la poderosa y enemiga Perugia que, en 1521, envió un ejército entero, al mando del célebre capitán de ventura Camillo Orsini, Príncipe de Amatrice y Marqués de Atripalda y Montefredane, para someterla a sus dominios. Además, la fortaleza estaba perfectamente preparada para resistir cualquier asedio, por largo que fuera, por lo que su entonces comandante, Crispoldi da Foligno, y toda su guarnición defendieron la fortaleza y resistieron con entereza el sitio al que les habían sometido los perusinos, impidiendo que ni uno solo de los soldados enemigos entrara en ella.
El Castillo de los Borgia (todavía se le nombra así) hospedó a ilustres personajes que pasaban por Gualdo Cattaneo en sus viajes por la Italia de entonces. El más insigne para la historia fue, sin duda, Galileo Galilei que, en 1624, estuvo residiendo ahí unos días.
Lógicamente, a lo largo de su historia el Castillo se ha tenido que restaurar en distintas ocasiones, pues ni los intentos de conquista ni el tiempo perdona, pero cabe decir que, habida cuenta de la enorme solidez de la estructura, se ha tratado siempre de restauraciones parciales. La última de ellas se llevó a cabo en 1955, sin alterar en ningún caso el aspecto original.

De gran interés monumental y belleza son, también, el Palazzo Comunale; la Iglesia de San Agustín; la Iglesia de San Antonio y San Antonino, en la que están enterrados los santos que dan nombre a la misma, y la Iglesia de San Andrés. Todos ellos datan de entre los siglos XII y XIII, y conservan en su interior obras de arte magníficas, tanto de la Edad Media tardía como del Renacimiento. Por lo demás, todo Gualdo Cattaneo es en sí mismo un monumento: desde cualquiera de sus callecitas empinadas hasta las viviendas mediavales más sencillas. Tampoco es una excepción en la zona en cuanto a arquitectura militar relevante, pues hay un montón de pueblos cercanos que albergan castillos, torres y fortalezas preciosas y de gran interés arquitectónico e histórico como, por ejemplo, Pozzo, Cisterna, Marcellano, Saragano, Barattano, Torri, San Terenziano y Grutti.

En el ambiente de poema épico que caracteriza a Gualdo Cattaneo, os encontraréis con varios restaurantes y pizzerías, en las que se come muy bien, pero yo os aconsejo que os paréis a comer o a cenar en el Restaurante "Le Noci", en Via Torino, 6. Este restaurante goza de mención en el "Gambero Rosso", que, digamos, que es el equivalente gastronómico de Italia a la Guía Michelin. El restaurante es muy bonito, el ambiente es muy cordial y el servicio, casi todo compuesto por mujeres, es espléndido. Cuenta con un jardín precioso para comer cuando haga buen tiempo. Digo "haga", porque ahora, en pleno invierno, está lloviendo y hace bastante frio por aquí, teniendo en cuenta, por otra parte, que estamos casi a 500 metros de altura. La comida que ofrecen en "Le Noci" es la tradicional del lugar, basadas en sopas riquísimas, menestras de verduras y legumbres, pastas hechas a mano y unas carnes, tanto de caza como de ternera, buey o cordero, tiernísimas y muy sabrosas. Este restaurante tiene una bodega estupenda, provista de vinos producidos por sus propietarios. Además, también la exquisita variedad de aceite de oliva virgen con la que condimentan sus guisos, distintos entre sí, dependiendo del plato que sea, es de producción propia.
Os sugiero que probéis los "strangozzi" (una pasta casera típica de Umbría) con salsa de hierbas del bosque o los "gnocchi" con setas, y de segundo (si todavía os queda hueco en el estomágo...) el rollo de cordero lechal asado con hinojos ¡Está para chuparse los dedos!.
La cuenta os puede salir por unos 30 €. por persona como mucho y si compartís el segundo o el postre, bastante menos. A mis amigos y a mí nos ha encantado.


Sylvia







jueves, 10 de enero de 2008

Foligno. Una de sus grandes tradiciones culturales: "La Giostra della Quintana".



Como os prometí hace un par de días, en la página que dediqué a la bellísima ciudad de Foligno, conocida también en Umbría como la "ciudad de los palacios", vuelvo hoy a ella para hablaros no ya de sus magníficos monumentos, iglesias y museos, sino de uno de los muchos eventos culturales que se celebran en esta ciudad tan cuidada, tan interesante y tan llena de vida, que tanto y tan bien se prodiga, con naturalidad y entusiamo, en mantener siempre jóvenes sus hermosas tradiciones y en potenciar la sensibilidad y el nivel cultural de sus habitantes, a través de los muchos eventos de distinta índole que se celebran en ella.

Como no es posible detenerse en todos ellos, os voy a comentar uno de ellos que, además de ser célebre en toda Italia y en buena parte del extranjero, posee una esencia y una forma que me emociona de manera muy especial. Me refiero a "La Giostra della Quintana". Se trata de un torneo a caballo que se celebra todos los años en la primera quincena de Junio y, de nuevo, en la primera quincena de Septiembre.

Se instituyó como festejo propio de Foligno en el siglo XVII, si bien está documentado que la fiesta ya se llevaba a cabo enla ciudad a mediados del siglo XV. Inicialmente, el torneo estaba encaminado a que se manifestara el orden de prioridad que el honor de un caballero de armas establecía en cuanto a la lealtad a su señor o la dama cuyo corazón pretendía, para otorgarle él título honorífico que correspondiera.
El nombre de "Quintana" procede del nombre de una vía de un campamento militar romano del lugar, en el que se adiestraba a los combatientes con el manejo de la espada. Su nivel de destreza se medía por su capacidad para introducir el filo de la espada en un anillo que colgaba de la mano de una estatua.

En los primeros años del siglo XVII, las autoridades de Foligno integrararon el torneo en el calendario de festejos de Carnaval, dándole un espíritu de competición, para lo que se establecieron las reglas del juego, así como el orden y el carácter de las celebraciones que se llevaban a cabo en la ciudad en las dos semanas anteriores y en los días posteriores al torneo, y en las que participaba toda la población. Y así sigue siendo. Me atrevería a decir que sin mover ni una coma de los antiguos estatutos.

Diez son los caballeros que participan en el torneo, uno por cada barrio o sector de la ciudad: Ammaniti, Badia, Cassero, Castrastagna, Croce Bianca, Giotti, La Mora, Moriupo, Pugilli y Spada. Van vestidos a la usanza de finales del siglo XVII, con atuendos confeccionados por sastres especializados del lugar y supervisados por un comité histórico-artístico quien establece los más mínimos detalles y realiza la selección final, de tal manera que parecen salidos de los pinceles de Gian Domenico Cerrini, el insigne pintor de Perugia, que dió su salto a la fama, nada más ni nada menos, que en la corte de los Medici de Florencia.

Con el mismo y cuidadoso estilo se engalana el fabuloso cortejo, compuesto por unos 600 hombres y mujeres, que recorre el centro histórico de la ciudad la noche anterior al torneo, acompañado de música del barroco temprano, mientras que en los antiquísimos palacios aristocráticos y en las callecitas adyacentes se suceden las fiestas, los bailes y los banquetes de época.
Además, cada barrio o sector de Foligno desfila con sus propios abanderados, tambores y trompetas, damas, caballeros y caballos. Todos lucen galas de esa época y llama poderosamente la atención no solo el gusto exquisito sino, además, la organización perfecta con la que se llevan a cabos los respectivos desfiles.

Tras casi dos semanas de preciosos festejos - en los que no caben la torpeza ni los malos modales; con tabernas de aspecto del siglo XVI abiertas; catas de los espléndidos vinos de la zona y banquetes multitudinarios con sabrosas especialidades lugareñas, llevados a cabo en cada uno de los diez sectores de la ciudad, coincidiendo, además, con la famosa "Fiera dei Soprastanti", que evoca los mercados y mercadillos callejeros del XVII -tiene lugar el torneo, una vez anochecido. Allí, los diez caballeros, lanza en ristre, y a lomos de sus respectivos y magníficos caballos, se dirigen a galope tendido a una estatua giratoria de madera de nogal maciza, de principios del XVII, que representa al dios Marte y cuyo nombre es, precisamente, el de "Quintana".

La estatua tiene los brazos en cruz y de la mano derecha penden los anillos, que van disminuyendo de tamaño en cada una de las tres vueltas que han de dar los caballeros, mientras que la mano izquierda está asida a un escudo.
La victoria recae en el caballero que haya realizado las tres vueltas en el menor tiempo; haya emostrado la mejor puntería y que, además, no haya hecho caer ningún anillo al suelo; no haya perdido pieza alguna de su indumentaría, y que no haya cometido ningún error, del tipo que sea, durante el torneo. En fin ¡el caballero perfecto!

Tras la victoria y la entrega del premio, vuelven a sucederse grandes fiestas en el barrio cuyo exponente haya ganado, así como distintas solemnidades y festejos en toda la ciudad.

Son unos festejos tan hermosos, tan bien organizados y, además, con unas celebraciones que tiene como marco el fascinante centro histórico de Foligno, que no hay palabras para transmitir el estado de ensueño que se puede llegar a sentir al participar de esa fascinante, admirable y apasionante tradición local.

Cada vez concurre más gente del extranjero, por lo que os recomiendo que organicéis vuestro viaje y reservéis a la mayor brevedad, tanto si vais en junio como en septiembre.

También os voy a recomendar un restaurante estupendo cuya relación calidad/precio está más ue acertada. Es un restaurante y pizzeria que se llama "Ciccia e Core" y está situado en Piazza Matteotti, 7, muy cerquita de la monumental Piazza della Repubblica.
Por dentro es precioso, con una ambientación como de taberna medieval, elegante, y con una atmósfera íntima y cálida, pese a ser grande. Se come divinamente. Su especialidad son los entrantes (entremeses de la casa), las carnes a la brasa, muy tiernas y sabrosas, las pastas, las pizzas, grandes y exquisitas, y las menestras de legumbres y verduras. El precio varía mucho en función de lo que se pida, como es natural, pero se podría calcular una media de unos 40 € por persona, comiendo a base de bien. Si estáis dispuestos a gastaros algo más, os sugiero que reguéis la comida con un "Sagrantino" tinto de Montefalco. No os arrepentiréis.


Sylvia
























martes, 8 de enero de 2008

Foligno. Una antigua perla guibelina en el corazón de Umbría.

Foligno es una ciudad preciosa, situada en el centro - dicen que exacto- de Italia y en el corazón de Umbría, al sureste de la ciudad de Perugia, a cuya provincia pertenece, y muy cerca del linde con la región de Marche.
La ciudad se encuentra en una llanura, cosa infrecuente en Umbría, junto a la desembocadura del río Topino.
La fundaron los umbros hace miles de años, y los romanos la convirtieron, a partir del año 295 a.C., en un importante centro urbano. Los umbros la llamaron Fulgura, mientras que los romanos le dieron el nombre de una de sus deidades: Fulginia.
De acuerdo con las excavaciones e investigaciones realizadas, la urbe romana estuvo situada, casi con toda seguridad, al norte del actual centro histórico, pues es ahí donde han salido a la luz restos de necrópolis y de viviendas. Por otra parte, es sabido que hasta la segunda mitad del siglo XVI subsistieron numerosos vestigios romanos en el área sureste de la ciudad, de los cuales, hoy en día, apenas quedan huellas, no solo porque la antigua urbe romana fue prácticamente devastada por las hordas bárbaras, sino también a causa de la considerable expansión de la que fue objeto entre los siglos XIV y XVI. Tiempos de enorme bienestar y de notabilísimo nivel cultural para Foligno, pues basta con saber que el primer libro en lengua italiana se imprimió aquí, en 1472, en los talleres de Giovanni da Magonza, quien había fundado la quinta imprenta de Italia. Como es natural, para tamaño acontecimiento se elegió la obra cumbre de la poética italiana, y, a mi entender, también la obra maestra de la literatura de la Edad Media por excelencia : "La Divina Comedia".

Pero con mucha anterioridad respecto al "boom" inmobiliario y económico de los siglos antedichos, Foligno había sido siempre una ciudad rica, de marcado talante aristocrático. En la Edad Media se distinguío por su pertenencia a la facción guibelina, mientras que la inmensa mayoría de los municipios importantes de Umbría pertenecían a la güelfa, lo que le valió un sinfín de enfrentamientos con la poderosa Perugia- lógicamente, güelfa - a la que, no obstante, le ganó heróicamente un montón de batallas. Es que los guibelinos eran un pasada... Si entre vosotros hay alguno que me haya leído con anterioridad, habrá notado, quizá, no solo mi pasión por la historia militar de la Edad Media en la Italia central, sino unas arruguillas guibelinas, de esas que se llaman de "expresión", que me cuesta mucho maquillar...



A partir de 1305, la ciudad, perfectamente amurallada, se convirtió en feudo de la noble familia de los Trinci, de tradición guibelina, si bien para ganarse los favores de Perugia y de Spoleto, se pasaron al bando contrario, tras derrocar a los Anastasi, guibelinos de pro, y antiguos señores de la ciudad. Con una chaqueta nueva, perdón, quería decir que... bajo una nueva bandera gobernaron la ciudad hasta 1439, en calidad de sicarios, perdón, otra vez, !Menuda dislexia verbal tengo hoy!, quería decir que... en calidad de vicarios del Papa. Pero el señorío no les salió tan redondo como pretendían, pues los guibelinos les hicieron frente, armados hasta los dientes, en varias y sonadas ocasiones a lo largo de esos 134 años.
En fin, para terminar con esa contrastada época de poder de los Trinci, el Cardenal Vitelleschi, siguiendo, primero, los consejos del Papa Martín V y, después, los del Papa Eugenio IV, encaminados ambos a reafirmar el poder de la Iglesia, ordena que la ciudad sea conquistada con las almas, perdón ¡qué tarde más tonta tengo hoy! quería decir... con las armas, para que pase a estar única y directamente bajo el poder de los Estados Pontificios.
Para hacer honor a la verdad, la soberanía absoluta de los Estados Pontificios sobre Foligno supuso -baños de sangre y minucias por el estilo, aparte- un bien de valor fundamentalmente material ¿Qué paradoja, verdad?

Foligno, como lo fuera antaño, es actualmente una ciudad muy rica- probablemente mantenga las actividades industriales y comerciales más importantes de toda la región - y en la que sus numerosos museos y relevantes actividades culturales atestiguan el elevado nivel e interés cultural de la población.
La ciudad en forma de óvalo, es moderna, bastante grande (cuenta con casi 70.000 habitantes) y está dividida en diez distritos. Pese a su aspecto moderno, conserva un espléndido centro histórico, repleto de edificios, palacios e iglesias medievales y renacentistas, situadas en plazas, plazuelas, calles y callecitas maravillosas que confluyen en la espectacular Piazza della Repubblica.
Todo ello, con un mérito enorme por parte de la población, si se tiene en cuenta que el 75% o más de la superficie de la ciudad fue objetivo constante de los bombardeos de la aviación inglesa y norteamericana unos meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial, ya que Foligno contaba con un aeropuerto desde la última década del XIX; tenía un cruce fundamental de vías férreas y, además, era el centro de una importante industria aeronáutica. Sin embargo, la mayoría de la población de Foligno era activamente antifascista. Aquí, los partisanos estaban luchando como leones contra los alemanes y... ¡Eso se sabía!. Otra terrible paradoja de la historia.

Por si fuera poco, en 1997, la ciudad quedó seriamente dañada por un terremoto que se cebó con las regiones de Umbría y Marche. Pero, os garantizo que, salvo los edificios de interés público que fueron completamente arrasados, todo lo demás, que es muchísimo, se ha restaurado o reconstruido perfectamente. Está claro que la sangre guibelina que ha corrido y corre por las venas de los ciudadanos de Foligno les ha hecho portadores de un valor y de una dignidad casi sobrehumanas.
Os voy a indicar, por encima, todo aquello que no podéis dejar de visitar cuando lleguéis a Foligno, que si he logrado transmitiros una parte de la emoción que me embarga cuando hablo de ella, supongo que será prontísimo.

En el centro histórico, en Piazza San Domenico, os encontraréis con la bellísima Iglesia de Santa Maria Infraportas, románica, con una serie de frescos sublimes, de los siglos XV y XVI , en su interior, y un campanario y un pórtico espléndidos del siglo XI.
En Piazza Garibaldi, están ubicadas la Iglesia de San Salvatore y la de Sant' Agostino. En esta última se conserva la impresionante escultura de madera, del siglo XVII, que representa a la Madonna del Pianto, que, además, de su gran valor artístico es objeto de gran devoción por parte de los ciudadanos de Foligno y los de muchas localidades cercanas, debido a su importante historial de milagros realizados y de gracias concedidas. Su festividad se celebra por todo lo alto, el domingo anterior al día de San Antón, en Enero, de manera que ya podéis daros prisa...
Para terminar, evitando así que "os den las uvas" leyéndome, pese a dejarme un montón de cosas en el tintero, os sugiero que visitéis la Piazza della Repubblica donde se concentran los monumentos más emblemáticos del centro histórico: La Catedral de San Feliciano (el patrón de la ciudad), que es una joya del siglo XII, en la que está enterrado el santo. Su fachada es una maravilla. Está ornamentada con bajorrelieves que representan a Federico Barbarroja, al Papa Inocencio III, así como los símbolos de los Evangelistas y los Signos del Zodíaco; los imponentes: Palazzo Comunale, del siglo XIII; Palazzo Pretorio, también del XIII; Palazzo Orfini, del XVI, y el fabuloso ¡ de auténtico cuento de hadas! Palazzo Trinci, del siglo XIV, cuyo fastuoso y enorme interior alberga los principales museos públicos de Foligno: "La Pinacoteca Civica", dividida en tres secciones. En cada una de ellas se conservan, respectivamente, valiosas obras pictóricas de los siglos XIV, XV y XVI. Además del Museo Arqueológico y del Museo dell'Istituzione Comunale (el Museo Municipal, para entendernos).

Ahora bien, Foligno es mucho más que todo esto, por lo que os prometo que mañana o a la mayor brevedad, os sigo contando cosas y enumerando lugares de esta ciudad bellísima y ejemplar, además de indicaros alguno de sus estupendos restaurantes, para que al atracón de arte y de historia le siga otro ante una buena mesa.
Sylvia


















sábado, 5 de enero de 2008

Bastia Umbra: un pequeño centro de interés artístico en el marco de una localidad rica, moderna y activa.

Bastia Umbra es una localidad de unos 20.000 habitantes, situada en la llanura del Monte Subiaso, a unos 5 Km. de Asís y 18 Km. de Perugia, a cuya provincia pertenece.
Bastia es especialmente conocida por el ser el centro de actividades económicas de la muy turística y cercana Asís. De hecho, en esta rica localidad de arraigada tradición agrícola, comercial, industrial y artesanal, se encuentran las magníficas instalaciones oficiales para la celebración de las ferias de la región de Umbría, el "Centro Fieristico Umbriafiere", que funciona durante todo el año, y cuyas importantes exposiciones atraen la presencia de los exponentes de los sectores más diversos de los mercados nacionales e internacionales.

Evidentemente, sus marcadas características comerciales e industriales han conferido a la ciudad una imágen que dista mucho del lirismo de Asís y de una rigurosa conservación del centro histórico - seriamente dañado a raíz del terremoto de 1997 - como, por otra parte, es habitual en muchas de las ciudades de Umbría que mantienen una tradición continuista basada en sus actividades de carácter cultural, docente y artístico, fundamentalmente, motivo por el cual constituyen un objetivo prioritario para los turistas que visitan esta bellísima y carismática región de Italia, así como para los expertos en arte, investigadores, estudiantes y artistas que vienen a residir aquí, algunos por un período determinado de tiempo, mientras que otros no volverán a mirar el calendario salvo para desplazarse ocasionalmente.

Los orígenes de Bastia Umbra se remontan a la civilización romana, quienes la denominaron "Insula Vetus" al estar situada junto a las orillas del río Chiascio, afluente del Tíber, formando un islote. En el siglo VI, la desecación del lago Umber conllevó la construcción de fortificaciones, transformándola en una impresionante fortaleza, motivo por el cual fue objeto de disputa de las cercanas Asís y Perugia, quienes se alternaron su dominio hasta la segunda mitad del siglo XV, cuando pasó a ser un feudo de los Condes de Baglioni, en cuyas manos permaneció hasta el siglo XVII, cuando desapareció esa poderosa estirpe de orígen perusino. A continuación, se integró en los Estados Pontificios, emancipándose de su administración solo cuando se produjo la Unidad de Italia.
De la antigua y majestuosa fortaleza quedan numerosas huellas, además de la espléndida Porta Sant'Angelo, de claro estilo gótico, que es la puerta de entrada mejor conservada del que fuera el Castillo de los Baglioni. La ciudad conserva tambien una serie de iglesias románicas hermosísimas en las que se albergan valiosas obras de arte, como la Iglesia de Santa Croce, de finales del siglo XIII, edificada con la piedra blanca y rosada procedente del Monte Subiaso, en cuyo interior destacan los bellísimos frescos realizados por pintores de la escuela creada por el perusino Bartolomeo Caporali, en el siglo XV, un valiosísimo estandarte realizado por ese enigmático pintor renacentista que fue Bernardino di Mariotto da Perugia, así como un espléndido tríptico, obra del genial e innovador pintor umbro Niccoló Liberatore, nacido en 1432 en la ciudad de Foligno, y apodado extrañamente el "L'Alunno", a causa de un malentendido de Giorgio Vasari con la firma en latín del artista, plasmada en una predela, cuando estaba investigando su obra. Si esos errores ocurrían en épocas en la que el dominio del latín formaba parte del patrimonio cultural de todos los intelectuales y, no obstante, Vasari - el investigador de arte más célebre de la Italia del siglo XVI, además de insigne pintor, escultor y arquitecto- se hizo un lio de aúpa, excuso deciros qué pasaría hoy en día con el latín prácticamente "defenestrado" de las aulas, por no nombrar a las demás lenguas a las que les cabe la consideración de muertas...


El tríptico en cuestión data de 1499, y representa a Dios Padre, rodeado de ángeles, con la Virgen de la Asunción a su derecha y el Arcángel San Gabriel a su izquierda. En los restantes espacios sobresalen las representaciones de la Santísima Virgen con el Niño, de San Sebastián, del Arcángel San Miguel (patrón de la ciudad), además de las pequeñas escenas sacras de la parte inferior, expresadas todas ellas con enorme fuerza y realismo.

De gran interés son, también, la Iglesia de San Michele Arcangelo, del siglo XIII, completamente restuarada a raíz del terremoto de 1997, que se alza en la plaza principal del caso antiguo de la ciudad, y la Iglesia de San Paolo, del siglo XI, situada hoy en día en el cementerio municipal, y que otrora fuera la capilla de un importante monasterio de la orden de San Benito, en el que se refugió Santa Clara, cuando su noble familia supo que había decidido consagrarse a Dios, de acuerdo con las enseñanzas de San Francisco de Asís.

Con lo anterior, quiero decir que si Bastia Umbra se encuentra incluída en los recorridos turísticos, a causa de estar, sobre todo, a pocos minutos de Asís, bien merece detenerse en ella, pasear por su casco antiguo, en el que aún se encuentran muchas callecitas empedradas con edificios antiquisímos y, aprovechar, además, para quedarse a comer, pues se come divinamente y la relación/calidad precio, pese a ser una localidad rica, frecuentada asiduamente por hombres de negocios, está mucho más ajustada que en otras ciudades esencialmente turísticas.

¿Un sitio para comer? En mi opinión, la muy bonita Taverna- Pizzeria "La Gargotta", situada en Via delle Ginestre, 1. La porchetta (cerdo asado en fiambre), típica de Bastia que, además, de las pastas artesanales, las verduras fresquísimas del lugar, las carnes de vacuno de raza chianina y las pizzas constituyen un verdadero lujo para los sentidos.


Sylvia





jueves, 3 de enero de 2008

Città de Castello: Su arte y una sorprendente leyenda sobre amoríos cortesanos.

Hoy se trata de abundar un poco, tal y como me compremetí con vosotros el día de Año Nuevo (¡Feliz Año! otra vez, de todo corazón), en el arte de esta ciudad magnífica cuyo casco antiguo, visiblemente rodeado por sólidas murallas del siglo XVI, es un derroche de belleza, fundamentalmente, medieval y renacentista, creada, en estado de gracia, por grandes artistas toscanos y umbros. Los monumentos renacentistas, estuvieron patrocinados en su mayoría por la poderosa familia Vitelli que, salvo el desdichado lapsus histórico protagonizado por el inicuo César Borgia, que os relaté a grandes rasgos en la página anterior, siguió gobernando con buen acierto la ciudad durante todo el siglo XVI.


Entre las grandes obras arquitectónicas de esa época, destaca el Palazzo Vitelli alla Cannoniera, construido por iniciativa de Alessandro Vitelli, entre 1521 y 1545. La bellísima fachada, que asoma a un jardín de estilo y dimensiones regias, está elegantamente decorada con "graffiti" de Giorgio Vasari y de Cristofano Gherardi, quien también afrescaría varias de sus espectaculares salas. Hoy en día, el Palacio alberga la extraordinaria Pinacoteca Comunale de la Ciudad.

Al parecer, Alessandro Vitelli, tenía una amante guapísima de nombre Laura, que residía en el palacio, cuyas gracias tenían sorbido el seso a gran parte de la población masculina de la ciudad. Ligera de costumbres, dicen que era presa de un de un deseo incontrolable de mostrar y compartir sus encantos con los muchachos más apuestos, que observaba desde las ventanas de sus aposentos, sin que ello provocara la menor sospecha entre los habitantes de palacio.

Una vez puestos los ojos en algún incauto, aparentemente bien dotado, dejaba caer un pañuelito bordado con sus iniciales, como quien no quiere la cosa... de manera que el elegido, al verlo, lo recogiera y subiera a entregárselo. Al concluir el apasionado encuentro, con la excusa de que nadie pudiera especular sobre ello, le rogaba que saliera por una puerta secreta de su saloncito privado, camuflada entre la decoración del mismo. El joven, en su pretensión de pasar inadvertido, accedía encantado sin saber que tras esa puerta no había salida alguna ¡sino una trampa mortal!. Sin cuerpo no hay pruebas... y, además, ¿qué ciudadano podría haber tenido la osadía de presentarse en palacio a que le rindieran cuentas sobre algún allegado desaparecido?
Bien, pues ya que os contado la habilidad diábolica de la tal Laura para proveerse de excitantes amoríos cortesanos, paso a ilustraros, por encima, qué lugares de interés artístico de Città de Castello son absolutamente imprescindibles de visitar.
En primer lugar, ya que acabamos de hablar del Palazzo Vitelli, os sugiero que os recorráis las 21 salas de la fantástica Pinacoteca, considerada la más importante de Umbría, después de la de Perugia, en las que están albergadas valiosísimas obras de arte, de entre los siglos XIII y XIX. Como, por ejemplo, obras de artistas geniales de la talla de Rafael, Luca Signorelli, Domenico Ghirlandaio, Andrea Della Robbia, Lorenzo Ghiberti, Antonio Vivarini, Raffaellino del Colle y Niccolò Circignani "Il Pomarancio".

Otra pinacoteca fundamental es la conservada entre el renacentista Palazzo Albizzini y las naves de los antiguos Secaderos de Tabaco. Se trata de la Colección Burri. Está dedicada casi monográficamente a Alberto Burri, nacido en Città di Castello, en 1915, y fallecido en el sur de Francia, en 1995, quien donó a su ciudad natal la mayor parte de su ingente obra pictórica y escultórica, así como dibujos y bocetos escénicos. Alberto Burri, uno de los principales exponentes de la pintura y de la escultura -realizada con los materiales más diversos- del siglo XX en Italia, fundó, en 1951, el célebre "Gruppo Origine", formado por él y por Ettore Colla, Giuseppe Capogrossi y Mario Ballocco, quienes no queriendo ceñirse a los cánones de la pintura figurativa, pero tampoco al estilo abstracto, imperante en esos años, crearon una forma diferente, impactante y apasionante de expresión plástica de las emociones y de una particularísima introspección en la realidad.

En el Palazzo Albrizzini hay 20 salas dedicadas a Alberto Burri, mientras que en las naves de los que fueran los Secaderos de Tabaco, espléndidamente estructuradas, se conservan sus obras de madurez, así como impresionantes ciclos pictóricos de gran tamaño.

Entre los lugares de culto destacan la Catedral de San Florido y San Amancio, levantada sobre una iglesia del siglo XI, pero reconstruida y totalmente modificada a finales del siglo XIV. La Catedral consta de una planta de crucero latino con una sola nave, rodeada de capillas espectaculares, en las que se conservan destacadas obras de arte.

En la bellísima cripta están las sepulturas de los santos que dan nombre a la Catedral.
Otra cosa que llama poderosamente la atención es el altísimo y grueso campanario cilíndrico, románico, de la Catedral, cuyo aspecto bizantino recuerda los construidos en el noroeste de Italia en los siglos V y X.
Anexo a la Catedral, en Piazza Garibaldi, se encuentra el Museo de la Catedral. Consta de siete salas y alberga magníficas obras de arte, antes emplazadas en la Catedral y en las iglesias principales de la ciudad, como el "Tesoro de Canoscio", que es un ajuar litúrgico de gran riqueza y belleza de época paleocristiana, así como mobiliario, valiosos objetos de carácter sacro y obras de pintores renacentistas destacados.

Otras iglesias de gran interés son las de San Francesco, de finales del siglo XIII; la de Santa Maria Maggiore, de principios del XV, de estilo gótico, pero con una imponente portada renacentista, y la gran e impresionante Iglesia de San Domenico, del siglo XV, con un portalón ojival a la derecha y ornamentada con frescos de los mejores exponentes de la escuela umbra.
Además, Città de Castello es la sede del famoso festival de música de cámara, conocido como el "Festival delle Nazioni", que tiene lugar todos los años entre la última semana de Agosto y la primera de Septiembre, al que concurren los solistas y las agrupaciones camerísticas más prestigiosas del mundo y cuyos conciertos se celebran en el interior de sus bellísimos palacios e iglesias. Una cita con la gran música a la que os aconsejo acudir encarecidamente.
Por otra parte, entre finales de Octubre y principios de Noviembre, en la ciudad se lleva a cabo un famoso evento de carácter gastronómico "La exposición de las trufas y de los productos del bosque", en la que se muestran y degustan las célebres trufas blancas de la zona y una gran variedad de setas, castañas, mieles, mermeladas, además de su extrardinario aceite de oliva extra virgen, sus vinos, quesos, embutidos y sus magníficas carnes de vacuno de raza chianina, cuya delicada textura y sabor suave y exquisito no tienen parangón posible con ninguna otra carne que yo haya probado, de momento, en Europa.

Hablando de comida: hay un buen número de restaurantes y de pizzerias donde se come muy bien, pero os recomiendo un restaurante cuyo ambiente refinada y elegante y su cocina creativa, basada en la cocina tradicional lugareña, os van a encantar: es "Il Postale di Marco e Barbara", situado a escasa distancia de las murallas de la ciudad. Podéis preguntarle a cualquiera para que os indiquen, pues todo el mundo lo conoce en la ciudad. Depende del tiempo que haga o de lo que os apetezca, se puede comer tanto dentro como en el jardín. Lo dirige un matrimonio: el marido es el prestigioso chef Marco Bistarelli y su mujer, Barbara, se ocupa de la sala. Ofrecen un extenso y muy completo menú degustación, con un muestreo de todas sus deliciosas especialidades, por un precio de 65 €. Si preferís comer a la carta, el precio medio de una comida completa está entre unos 40 y 60 €. Os sugiero que probéis el exquisito cordero lechal con guarnición de múltiples verduras frescas y tiernísimas o, si preferís, el solomillo o chuletón de ternera "chianina".
Después de todo el río de tinta que he vertido para contaros cosas de esta hermosa y emblemática ciudad, no iréis a pasar de largo y dejarme aquí tirada ¿verdad? ¡Qué yo no me entere!


Sylvia















martes, 1 de enero de 2008

Città di Castello a principios del siglo XVI: Vinculada a España por un personaje de desdichada memoria.
















Città di Castello, situada al noroeste de Umbría, cerca del límite con Toscana, en el territorio conocido como la Valtiberina, está a unos 35 Km. de Perusa.

La espléndida ciudad, de características arquitectónicas renacentistas, repleta de obras de arte y sede de una de las mejores pinacotecas de Umbría, de un excepcional museo de arte contemporáneo, de una catedral tan bella como singular, así como de muchas otras joyas que, en lo que me quepa, os intentaré ir comentando poco a poco, fue fundada por los umbros, cerca del año 1.000 a.C., pasando después a manos de los etruscos y, finalmente, a las de los romanos, quienes, en el siglo I a.C., hicieron de ella un municipio al que llamaron Tifernum Tiberinum, por su posición geográfica cercana a la orilla izquierda del río Tiber, a su paso por esas latitudes.

A mediados del siglo VI de nuestra era, la localidad, cristianizada por San Crescenziano, hacia el siglo IV, y, después, torturado y muerto en el lugar, que había adquirido incluso la categoría de sede episcopal, fue saqueada por las hordas del rey ostrogodo Totila, quienes borraron de la faz de la tierra la que, otrora, fuera hermosa y próspera urbe romana, administrada prácticamente por el célebre y riquísimo investigador romano Plinio el Joven, quien, según las fuentes históricas de la época, y lo relatado en sus propias cartas, se había prodigado en construir templos, villas y monumentos de relevancia. De momento, solo han aparecido vestigios de arte y arquitectura romana en la parte sur de la ciudad, en la zona llamada la Mattonata, además del lugar, en la cercana localidad de Santa Fiora, en el que estuvo ubicada la villa de Plinio el Joven. Ese hallazgo se debe a la labor realizada conjuntamente por investigadores de las universidades de Perusa y Alicante.



Seguidamente a su destrucción por los bárbaros, el Obispo Florido, elevado más tarde a los altares y actual patrono de Città di Castello, procedió a su reconstrucción, así como a amurallarla. Pasó entonces a llamarse Castrum Felicitatis, después Civitas Castelli, adquiriendo su denominación actual en el siglo XII. A continuación, tanto la ciudad como los territorios transapenínicos se convierten en un feudo importantísimo de los güelfos, de cuya dominación se conservan los impresionantes palacios dei Priori y del Podestà, respectivamente, obras del insigne arquitecto Angelo de Orvieto.
A partir de la segunda mitad del siglo XIV, el Cardenal Álvarez de Albornoz integra la ciudad en los Estados Pontificios, y después de un período oscuro y violento bajo el poder despótico de Brancaleone Guelfucci, pasa, tras muchas vicisitudes, en 1422, a convertirse en feudo del célebre capitán de fortuna Braccio Fortebraccio da Montone, vástago de una ilustre familia, gracias al apoyo del Papa Martín V. La ciudad seguirá en poder de su familia hasta 1440, cuando las familias más poderosas del lugar inician a disputarse a "brazo partido" el dominio de la ciudad que, finalmente recae en los Vitelli, quienes no contentos con el gobierno oligárquico formado, en un principio, entre las familias de mayor abolengo local, asesinaron a unos y pusieron en fuga a otros, para apoderarse de la muy rica y hermosa Città di Castello.
ero también a los Vitelli les tocó vivir una tragedia, que recayó sobre el destino de la hermosa ciudad, y sobre la que se ha abundado en los anales de la historia. No obstante, no puedo por menos de relatarosla, aunque sea a grandes rasgos, pues, de alguna manera, forma parte tanto de la memoria histórica de los ciudadanos de Città de Castello, como de la de los españoles.

En 1502, en el transcurso del sangriento encuentro de Senigallia (provincia de Ancona), en el que el temible César Borgia - invasor de la región de Romaña, artífice de asedios y de muertes masivas en las ciudades de Imola, Forlí y Faenza, gracias a lo cual, desde el año 1500, se había convertido en Duque de Romaña, habiendo asimismo conquistado el Ducado de Urbino, reunió a distintos señores feudales de territorios no excesivamente lejanos a los suyos, entre los que se encontraba también Vitellozzo Vitelli, entonces señor de Città di Castello, quien es asesinado por orden de César Borgia. A causa de ese crimen, la ciudad y su área territorial caen en su poder, cerniéndose sobre el territorio el que, quizá, fuera el año más terrible de su historia.
Así fue como ese personaje que, en 1493, hubiera sido nombrado Cardenal de Santa María de Nuova, añadió a su lista de títulos y presuntos honores manchados de sangre, traiciones y corrupciones e, incluso, en 1498, la sospecha de fratricidio de su hermano Juan, el de Duque de Città de Castello.


César Borgia fue uno de los políticos, alto jerarca de la Iglesia y capitán de fortuna, más depravados y astutos de la Italia central de entre la última décadas del siglo XV y principios del XVI. De hecho, se dice que Niccolò Macchiavelli se inspiró en él para escribir su tratado "El Príncipe". Mantuvo su dominio en Città di Castello hasta la muerte de su padre, en 1503: el español Rodrigo Borgia, quien llegaría a ser Papa bajo el nombre de Alejandro VI.

En 1504, César Borgia es condenado a prisión y trasladado a España, pero consigue fugarse y se refugia en Viana, Navarra, gracias a la ayuda de su cuñado, Juan III d'Albret, entonces Rey consorte de Navarra.
Muere en 1507, a los 31 años, en la batalla contra el Conde de Lerín, librada para arrebatarle ¿cómo no? el señorío de Viana. No obstante, el Conde de Lerín, le concede sepultura en la Capilla Mayor de la Iglesia de Santa María de Viana, en un mausoleo tan lujoso como imponente.

Unos 50 años más tarde, un sabio hombre de Dios, entonces Obispo de Calahorra, se indigna al conocer ese hecho, considerando sacrílego que el cuerpo de semejante energúmeno descansara, entre en el mayor boato imaginable, en la casa del Señor, por lo que ordena que se desentierren sus restos y que se sepulte lo que quede de él en la calle, en el suelo, frente a la Iglesia, "para que los hombres y las bestias puedan pisotear sus pecados", haciendo destruir sin demora el inmerecido mausoleo.
Pero, lamentablemente, la última palabra en Viana no la tuvo aquel justo y diginísimo Obispo de Calahorra, pues después de una serie de vicisitudes con los restos del infame personaje, iniciados a finales del XIX, en el año1953, se le vuelve a dar sepultura frente a la Iglesia de Santa María de Viana, además de erigir un busto en su memoria. La lápida de marmól que cubre entonces sus restos reza así:

César Borgia, Generalísimo de los Ejércitos de Navarra y Pontificios. Muerto en Campos de Viana, el 11 de Marzo de 1507.



¿Os recuerda a algo o a alguien, o ambas cosas a la vez, esa inscripción "grandilocuente"?.



Estos días sigo con Città de Castello y os cuento otras cosas no menos interesantes, pero, sin duda, mucho más hermosas y felices. Iguales que mis deseos para el 2008, para todos vosotros y, si queda un poco de sitio.. también para quien suscribe.



Sylvia